Es divertido como las historias se repiten y a pesar de las peculiaridades de cada una, siempre hay factores que se repiten. Ésta historia la inicié junto a Bilbo desde Bolsón Cerrado. Un lugar apacible, cómodo, con todo lo necesario a la mano, tanto que a veces no se necesita de nadie más. Uno puede vivir en un lugar como este por mucho tiempo antes de tener la necesidad de salir a conseguir lo necesario para vivir y mucho más tiempo pasará para tener la necesidad o tomar la oportunidad de dejar tan apacible lugar en aras de la aventura y de paso sea dicho de las incomodidades que implica dejar la cueva.
Me atrevería a decir que muchos de nosotros llevamos el mismo apellido que Bilbo y que jactanciosamente le hacemos gran honor como el mismo Bilbo lo hace. Podemos sentirnos incluso pequeños y muy cómodos con pasar desapercibidos, estar contentos con la rutina, ser seres completamente comunes y sin nada extraordinario, e incluso ser felices con ello. O al menos eso es lo que queremos creer.
Pero qué pasaría si una mañana "común" apareciera en nuestra propia puerta una invitación a dejar este lugar, con un solo propósito. El inicio de una maravillosa aventura, de un proceso y búsqueda de un maravilloso tesoro, un arduo camino hacia el autoconocimiento. ¿Estaríamos dispuestos a pasar por la pena de dejar Bolsón cerrado para encontrarnos a nosotros mismos en el camino? Al igual que Bilbo, quizá sin ser muy consciente de cuándo respondí, me encontré a mi mismo caminando con Gandalf y un grupo de personas bajo fríos bosques hacia la aventura más extraordinaria.
Legolas
"Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta," solía decirme. "Vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pies no sabes hacia donde te arrastrarán." - Frodo, citando a Bilbo.

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