domingo, 5 de octubre de 2014

Además de que invariablemente las novelas siempre serán un secreto entre el lector y la historia contada, son una especie de catarsis en las que ambos se transforman. El lector queriendo ser personaje, quizá; la historia queriendo ser contada por ella misma. Quizá estoy abusando un poco de mi experiencia como lector, pero es posible que muchas personas hayan pasado por esto que ahora señalo. El Hobbit me ha traído varias sorpresas: los colegas que por la universidad me preguntan el motivo de traer conmigo el libro. Cuando les planteo que en el taller de apreciación literaria lo estamos leyendo, de in mediato me cuentan algo extraordinarios (como lo es la novela misma) sobre Tolkien y su magnífica saga.

Ahora mismo estoy tratando de estudiar un poco la vida y obra del autor. No me atrevería a dar mi opinión en esta entrada, quizá más adelante. Además, tengo varias preguntas que hacer respecto al personaje que he elegido. Ya saben ustedes que yo soy Bilbo. Por qué todo es tan oscuro tras una hermosa imaginería de verdor en flora y azul en el firmamento. No lo sé, quizá es porque Tolkien nos quiere dar a entender que de pronto crac con la vida que tenemos en la punta de la nariz. Ah, pero quizá más adelante la historia queriendo ser contada me comience  dar respuesta. Ya les contaré.

Atte.
El Hobbit, ¿o sea?

No hay comentarios:

Publicar un comentario